Qué extraño eso que llaman clima
pero que yo le acuño tu nombre sagrado.
Eso que toca mi ventana y se viene encima,
y que me sabe a lo que no es a tu lado.
Y que de día con fuerza mórbida brilla
o que, incluso, mis temores con odio alumbra.
Es eso que de mis ganas de irse se fía,
y arremete el alma mía con todo lo que no es penumbra.
Lo que bautiza montañas y exorciza muros,
y que a veces es cruel aún con pálidos colores.
Eso que lava lo fino, los bosque más oscuros,
lo que se lleva de lleno mil y un ausoles.
Que por la noche se cuela en lo puro de mi cama,
aún si en la tarde se largó con piel pulcra y descalza.
Eso que con húmedos dedos en el vidrio clama,
y que en el aire dibuja con sorna tu alma escasa.
Lo que la gente alaba, teme y clama por "clima",
y que yo, con risitas paganas, a tu cabello de ébano remito.
Lo que ayer me tuvo abajo y hoy, en la cima,
lo que llevas y rompes y traes y creas con tu cuerpo bendito.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario